lunes, 10 de junio de 2013

El cruce 70/90
El homo 2003


“ustedes perejiles de los noventa a callarse y escuchar, voy a contarles nuestra historia, porque nosotros tenemos historia, ustedes no, ustedes habitan el territorio gris de la derrota”. Con esta tónica especial, un tanto critica y desencajada, el Filosofó, por demás filoso, José Pablo Feinman planteo en un artículo, la batalla ideológica que subyace a las puertas de los “homo setenta” y los “homo noventa”, litigio que convergerá en otro “homo”, el del 2000, o mejor dicho del “2003”. Pero eso dejémoslo para más adelante, como la frutilla del postre de estas letras efímeras. Vayamos por partes.
   De viaje a los 70. Aquel mundo, del cual Feinman era parte, de forma activa, era un universo distinto. Los Jinetes de la Muerte, no a bordo de equinos, sino de “Falcones” verdes y estirpes del mismo color, desplegarían hacia marzo del 76 todo un mecanismo, destinado, por un lado, a imponer una política económica- la de Martínez de Hoz- que haga un culto al mercado y a las fiebre neoliberales y por otro, a barrer y “desaparecer” cono todo aquel que piense y exprese algo distinto a las directrices militares, sea de izquierda o no. Ese contexto, fue el de Feinman y el de otros como Rodolfo Walsh, próceres de los setenta. Quienes hablaron cuando lo común era callar.
20 años después, los 90. Desde 7 años atrás soplan aires democráticos, producto, sin dudas, de las luchas, “con sangre derramada”, de aquella generación dorada del 70. Década de los 90, “superficie de lo desencantado” dirá Feinman en su ensayo, al estereotipar a estos jóvenes como neutrales, pasivos y poco comprometidos. Todo esto, pero no de manera generalizada, se fomentaría por las decisiones del gobierno de aquellos años, el de Menem y sus indultos a los militares, desregulación del estado, crecimiento de la brecha entre los que “entran  o no” al sistema y el de la economía continuista de Domingo “convertibilidad” Cavallo, hijo prodigo del FMI y Martínez De Hoz. El Letargo infinito noventista, es la punta de lanza del vituperio filosofal.
Los contrastes son claros y evidentes. Los 70, son sinónimo de cambio social y revolución, de acciones y convicciones que van más allá de un interés alguno. Como Dice Feinman, de una América latina heroica, de proyectos revolucionarios, con el Che y Perón a la cabeza. Los 90, en cambio tuvieron mucho de lo claroscuro, oscuro por la falta de una juventud contestaría a las políticas carnales, diagramas desde el norte  y ejecutadas en el sur, a causas de las cuales algunos peleaban por comer y otros por llegar primeros a la fila, gracias al bendito 1 a 1, con destino a Florianópolis. Claro, porque aunque sea en minoría, la lucha de las abuelas, las madres y de nuevas juventudes, la agrupación H.I.J.O.S se fundó en el 95, se mantuvo de pie en estos años.
Un helicóptero, surca los andaniveles del cielo, mientras contempla el paisaje caótico de la crisis que despertó, llegó el 2001. Después de aquel default, con un De la Rúa Inoperante y del famoso y tristemente célebre “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, ningún augurio bueno parecía presentarse a la situación Argentina. Sin embargo y a contramano, La Llegada de Kirchner al poder, luego de un periplo presidencial, donde se cambiaban presidentes como quien se pone y saca un par de medias, comenzó a darle un rumbo mas prospero al país, con políticas sociales, integristas que buscaron darle una mano a los siempre excluidos de la historia. Este es el entorno de nacimiento del “homo 2003”.

El joven del 2003 a la fecha, sería el último eslabón de la trama descripta por Feinman. Es el que confluyó ensimismo lo mejor de los 70, la lucha por “causas comunitarias” y un país menos “indigno” y de los 90, la causa de la “verdad y la justicia”, en un terreno democrático y pacífico. Esta contemporánea Juventud renaciente, es la que tomo la bandera de “la memoria y el compromiso”, no para pasar a la historia como perejiles anónimos, sino, como un colectivo promiscuo, pero altamente comprometidos con la época que le toco vivir. Para que de una vez por todas, la noche y el terror militar, no vuelvan a azotar al país. Nunca más.  

El mayo francés de 1968
La revolución en las conciencias


Corría la primavera francesa de 1968 y a su par también lo hizo un espíritu de  rebelión. Producto  de su férrea oposición al mundo desigual que diagramo el capitalismo, los jóvenes franceses, plantaron su bandera, que reunía sustancialmente tanto la lucha proletariada como la esencia estudiantil critica y contestaría de los regímenes conservadores y que se inmortalizó en la historia viva, acaso a modo de graffiti, como el Mayo Francés.
Al igual que la revolución francesa, la revuelta obrero estudiantil que sacudió el imaginario político social francés del 68 fracasó finalmente en el campo de batalla. Si, esa lucha para imponer la famosa divisa Libertè egalitè y Fraternitè (libertad, igualdad y fraternidad)  que en el siglo XVIII fue hecha a un lado para dar lugar a las reminiscencias del terror jacobino, también se trunco en el siglo XX, a modo de cambio de paradigma, de fin de un era (la capitalista).  
En este marco, la facultad de humanidades de Nanterre fue el lugar clave. Allí nació el levantamiento obrero-estudiantil. Uno de sus pioneros Daniel Cohn Bendit, en una entrevista, con quien para muchos fue la musa inspiradora del mayo francés, Jean Paul Sartre, manifestó que “el movimiento alcanzo una extensión no prevista,  en pocos días sin ordenes de huelga general alguna, Francia se encontró paralizada por los paros, las ocupaciones fabriles, por  el desvelar de las masas proletariadas”.
Con grandes influencias Marxistas, anarquistas, comunistas, trotskistas  y  maoístas, la revuelta juvenil europea puso el grito en el cielo, no en el sentido de edén religioso, sino mas bien mundano y cercano a la ciencia, de la condena a la sociedad del consumo, el neofascismo, el clericalismo y el degaullismo. En cambio, se vitoreaba por la libertad, por el tercer mundo, el nombre del che Guevara- muerto en Bolivia un año antes- el respeto al medio ambiente, el feminismo y sobre todo, se subrayaba la consigna esta “prohibido prohibir”, como alma mother de la insurrección y del espíritu libertario que despertó. 
Finalmente y a pesar de las sendas y masivas huelgas generales contra-sistema- casi 10 millones de personas se dieron cita el 17 de mayo en Paris- que llevaron a reiterativas practicas institucionales de la violencia extrema, donde estudiantes y trabajadores fueron gravemente reprimidos, la revuelta se diluyó entre los conflictos propios de las burocracias partidarias, ya que De Gaulle otorgo beneficios a los sindicatos imbricados en la misma, consistentes en un aumento salarial de un 15 % y reducciones en la jornada laboral, y la imposibilidad práctica, dado el re-fortalecimiento de la derecha francesa,  de los jóvenes franceses de profundizar y mutar la rebelión en forma de revolución.

En síntesis, el sueño francés estudiantil de 1968, de un mundo sin ataduras, donde la guerra se haga en amor y en donde diferencia sea sinónimo de igualdad, en términos de la historia oficial- que como se sabe siempre emerge de la pluma sagrada de los vencedores- no se concreto. Sin embargo, el mayo francés gano, acaso, una de las contiendas más importantes, que fue la de las conciencias, la cual tuvo expresión propia en el Cordobazo Argentino de 1969 y los movimientos feministas, con la incorporación de “ellas” al mundo laboral desde 1970. “Lo importante es que se haya producido cuando todo el mundo lo creía imposible y,si ocurrió una vez, seguro volverá a ocurrir", sentenció Sartre, en relación al efecto revolucionario en las conciencias que provocó aquel movimiento del mayo francés.



Trayectoria de un partido con historia
El mundo peronista
"Las patas en la fuente". Imagen histórica del 17 e Octubre de 1945
 Un trueno popular nunca antes visto impacto de lleno en la realidad argentina de 1945. Su estela, llegó incluso, a las letras del nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz, quien en “Tierra de Nadie, Tierra de profetas”, lo describió a la perfección.  “Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres, con las vestiduras escasas, cubiertas de brea, de grasas y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe. Era el subsuelo de la patria sublevada. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.” Ese trueno era el peronismo.
El 10 de octubre del año en cuestión, por pedido del general Avalos, uno de los integrantes de la cúpula jerárquica al frente del país, Farrel, presidente desde el golpe del 43, arrestó en Martin García e hizo renunciar de sus puestos en la secretaria de trabajo y previsión social, de vicepresidente y ministro de guerra, al hombre génesis de toda esta historia, a Juan Domingo Perón. De convicciones fuertes y un halo carismático sin precedentes, Perón, tejió relaciones con la masa obrera desde la secretaria de trabajo, que detonarían días más tarde en forma de una verdadera revolución, la de un pueblo que despertó y salió a las calles de las principales ciudades, bramando por la liberación de su líder.  
El 17 de octubre fue la fecha clave. Grandes colectivos de personas, hasta el momento invisibles para la sociedad conservadora que imperaba en la planicie argentina, se dieron cita, tras una sola bandera, exigir la liberación del caudillo que represento por primera vez las ideas a las cuales adherían, un grito que hacia el crepúsculo, se haría realidad y que terminaría con el discurso épico del “general” desde los balcones de la rosada, en donde asumió ser “el primer trabajador argentino”, lo que galvanizó aun más, el sentimiento de pertenencia de toda la clase obrera con un líder que sentía que la “patria era el pueblo”.
Diferentes cuestiones de tinte político llevaron a la creación del mito viviente. Sobre todo, la acción de Perón desde la secretaria de Previsión y luego, con la victoria en 1946 por más del 56% de los votos, desde el poder ejecutivo, desde donde promulgó, fiel a su política social, todo un paquete de leyes beneficiarias al trabajador y las clases populares. Algunas de ellas como el derecho a vacaciones y los pagos de aguinaldos, obtuvieron una significancia que fue mas allá del solvento económico, que también era importante en sectores olvidados y por demás humildes. Representaron, un “estado presente” que promovió la distribución equilibrada de las riquezas y un camino progresivo hacia la justicia social, que hasta la llegada del peronismo se basaba lisa y llanamente en el mantenimiento del paradigma elitista, de “sociedades Rurales y relaciones carnales con los Estados Unidos”.
El peronismo, rompió el status quo reinante en la argentina de antaño. Y como toda ruptura de una matriz con años de consolidación, implico confrontaciones y fervientes pugnas ideológicas. El Intelectual británico, Daniel James, en un pasaje de su tesis doctoral sobre los comienzos del peronismo, pinta al oleo tal disyuntiva.  Según James, en la sublevación obrera-sindical, que tuvo lugar en Ensenada y Berisso, sobrevoló el “espíritu” de una “iconoclasia laica”, que en sus palabras, personifico “la destrucción publica y deliberada de símbolos sagrados, la blasfemia y la negación de la autoridad de instituciones como la Iglesia, las universidades, las entidades emblemas de las curias aristocráticas”.
Por todo esto y más, el peronismo, dio vida a un verdadero movimiento popular lleno de vicisitudes y complejidades que hacen a su esencia, y que van desde nombres como los de Eva Perón, Campora, Kirchner hasta López Rega, Duhalde e incluso el Riojano de los 90 (ustedes saben). Si, todos ellos son peronismo, aunque los vaivenes de la historia, parezcan decir lo contrario. La explicación es un tanto simplista si se quiere, reside en que el peronismo, que emergió aquel 17 de octubre, fue y es un verdadero mundo, un universo que al mismo tiempo que construye discursos se reinventa y resignifica.