lunes, 10 de junio de 2013

El mayo francés de 1968
La revolución en las conciencias


Corría la primavera francesa de 1968 y a su par también lo hizo un espíritu de  rebelión. Producto  de su férrea oposición al mundo desigual que diagramo el capitalismo, los jóvenes franceses, plantaron su bandera, que reunía sustancialmente tanto la lucha proletariada como la esencia estudiantil critica y contestaría de los regímenes conservadores y que se inmortalizó en la historia viva, acaso a modo de graffiti, como el Mayo Francés.
Al igual que la revolución francesa, la revuelta obrero estudiantil que sacudió el imaginario político social francés del 68 fracasó finalmente en el campo de batalla. Si, esa lucha para imponer la famosa divisa Libertè egalitè y Fraternitè (libertad, igualdad y fraternidad)  que en el siglo XVIII fue hecha a un lado para dar lugar a las reminiscencias del terror jacobino, también se trunco en el siglo XX, a modo de cambio de paradigma, de fin de un era (la capitalista).  
En este marco, la facultad de humanidades de Nanterre fue el lugar clave. Allí nació el levantamiento obrero-estudiantil. Uno de sus pioneros Daniel Cohn Bendit, en una entrevista, con quien para muchos fue la musa inspiradora del mayo francés, Jean Paul Sartre, manifestó que “el movimiento alcanzo una extensión no prevista,  en pocos días sin ordenes de huelga general alguna, Francia se encontró paralizada por los paros, las ocupaciones fabriles, por  el desvelar de las masas proletariadas”.
Con grandes influencias Marxistas, anarquistas, comunistas, trotskistas  y  maoístas, la revuelta juvenil europea puso el grito en el cielo, no en el sentido de edén religioso, sino mas bien mundano y cercano a la ciencia, de la condena a la sociedad del consumo, el neofascismo, el clericalismo y el degaullismo. En cambio, se vitoreaba por la libertad, por el tercer mundo, el nombre del che Guevara- muerto en Bolivia un año antes- el respeto al medio ambiente, el feminismo y sobre todo, se subrayaba la consigna esta “prohibido prohibir”, como alma mother de la insurrección y del espíritu libertario que despertó. 
Finalmente y a pesar de las sendas y masivas huelgas generales contra-sistema- casi 10 millones de personas se dieron cita el 17 de mayo en Paris- que llevaron a reiterativas practicas institucionales de la violencia extrema, donde estudiantes y trabajadores fueron gravemente reprimidos, la revuelta se diluyó entre los conflictos propios de las burocracias partidarias, ya que De Gaulle otorgo beneficios a los sindicatos imbricados en la misma, consistentes en un aumento salarial de un 15 % y reducciones en la jornada laboral, y la imposibilidad práctica, dado el re-fortalecimiento de la derecha francesa,  de los jóvenes franceses de profundizar y mutar la rebelión en forma de revolución.

En síntesis, el sueño francés estudiantil de 1968, de un mundo sin ataduras, donde la guerra se haga en amor y en donde diferencia sea sinónimo de igualdad, en términos de la historia oficial- que como se sabe siempre emerge de la pluma sagrada de los vencedores- no se concreto. Sin embargo, el mayo francés gano, acaso, una de las contiendas más importantes, que fue la de las conciencias, la cual tuvo expresión propia en el Cordobazo Argentino de 1969 y los movimientos feministas, con la incorporación de “ellas” al mundo laboral desde 1970. “Lo importante es que se haya producido cuando todo el mundo lo creía imposible y,si ocurrió una vez, seguro volverá a ocurrir", sentenció Sartre, en relación al efecto revolucionario en las conciencias que provocó aquel movimiento del mayo francés.



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