El mayo francés de 1968
La revolución en las conciencias
Corría la primavera francesa de 1968 y a su par también lo hizo un
espíritu de rebelión. Producto de su férrea oposición al mundo desigual que
diagramo el capitalismo, los jóvenes franceses, plantaron su bandera, que
reunía sustancialmente tanto la lucha proletariada como la esencia estudiantil
critica y contestaría de los regímenes conservadores y que se inmortalizó en la
historia viva, acaso a modo de graffiti, como el Mayo Francés.
Al igual que la revolución francesa, la revuelta obrero
estudiantil que sacudió el imaginario político social francés del 68 fracasó
finalmente en el campo de batalla. Si, esa lucha para imponer la famosa divisa
Libertè egalitè y Fraternitè (libertad, igualdad y fraternidad) que en el siglo XVIII fue hecha a un lado
para dar lugar a las reminiscencias del terror jacobino, también se trunco en
el siglo XX, a modo de cambio de paradigma, de fin de un era (la capitalista).
En este marco, la facultad de humanidades de Nanterre fue el lugar
clave. Allí nació el levantamiento obrero-estudiantil. Uno de sus pioneros
Daniel Cohn Bendit, en una entrevista, con quien para muchos fue la musa
inspiradora del mayo francés, Jean Paul Sartre, manifestó que “el movimiento
alcanzo una extensión no prevista, en
pocos días sin ordenes de huelga general alguna, Francia se encontró paralizada
por los paros, las ocupaciones fabriles, por
el desvelar de las masas proletariadas”.
Con grandes influencias Marxistas, anarquistas, comunistas,
trotskistas y maoístas, la revuelta juvenil europea puso el
grito en el cielo, no en el sentido de edén religioso, sino mas bien mundano y
cercano a la ciencia, de la condena a la sociedad del consumo, el neofascismo,
el clericalismo y el degaullismo. En cambio, se vitoreaba por la libertad, por
el tercer mundo, el nombre del che Guevara- muerto en Bolivia un año antes- el
respeto al medio ambiente, el feminismo y sobre todo, se subrayaba la consigna
esta “prohibido prohibir”, como alma mother de la insurrección y del espíritu
libertario que despertó.
Finalmente y a pesar de las sendas y masivas huelgas generales
contra-sistema- casi 10 millones de personas se dieron cita el 17 de mayo en
Paris- que llevaron a reiterativas practicas institucionales de la violencia
extrema, donde estudiantes y trabajadores fueron gravemente reprimidos, la
revuelta se diluyó entre los conflictos propios de las burocracias partidarias,
ya que De Gaulle otorgo beneficios a los sindicatos imbricados en la misma,
consistentes en un aumento salarial de un 15 % y reducciones en la jornada
laboral, y la imposibilidad práctica, dado el re-fortalecimiento de la derecha
francesa, de los jóvenes franceses de
profundizar y mutar la rebelión en forma de revolución.
En síntesis, el sueño francés estudiantil de 1968, de un mundo sin
ataduras, donde la guerra se haga en amor y en donde diferencia sea sinónimo de
igualdad, en términos de la historia oficial- que como se sabe siempre emerge
de la pluma sagrada de los vencedores- no se concreto. Sin embargo, el mayo
francés gano, acaso, una de las contiendas más importantes, que fue la de las
conciencias, la cual tuvo expresión propia en el Cordobazo Argentino de 1969 y
los movimientos feministas, con la incorporación de “ellas” al
mundo laboral desde 1970. “Lo importante es que se haya producido cuando todo el mundo lo creía imposible y,si ocurrió una vez, seguro volverá a ocurrir", sentenció Sartre, en relación al efecto revolucionario en las conciencias que provocó aquel movimiento del mayo francés.


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