Un trueno popular nunca antes visto impacto
de lleno en la realidad argentina de 1945. Su estela, llegó incluso, a las
letras del nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz, quien en “Tierra de Nadie, Tierra
de profetas”, lo describió a la perfección.
“Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza
de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a
llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente desde sus
fábricas y talleres, con las vestiduras escasas, cubiertas de brea, de grasas
y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe. Era el
subsuelo de la patria sublevada. El
espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.” Ese
trueno era el peronismo.
El 10 de
octubre del año en cuestión, por pedido del general Avalos, uno de los
integrantes de la cúpula jerárquica al frente del país, Farrel, presidente
desde el golpe del 43, arrestó en Martin García e hizo renunciar de sus
puestos en la secretaria de trabajo y previsión social, de vicepresidente y
ministro de guerra, al hombre génesis de toda esta historia, a Juan Domingo
Perón. De convicciones fuertes y un halo carismático sin precedentes, Perón, tejió relaciones con la masa obrera desde la secretaria
de trabajo, que detonarían días más tarde en forma de una verdadera
revolución, la de un pueblo que despertó y salió a las calles de las
principales ciudades, bramando por la liberación de su líder.
El 17 de
octubre fue la fecha clave. Grandes colectivos de personas, hasta el momento
invisibles para la sociedad conservadora que imperaba en la planicie
argentina, se dieron cita, tras una sola bandera, exigir la liberación del
caudillo que represento por primera vez las ideas a las cuales adherían, un
grito que hacia el crepúsculo, se haría realidad y que terminaría con el
discurso épico del “general” desde los balcones de la rosada, en donde asumió
ser “el primer trabajador argentino”, lo que galvanizó aun más, el
sentimiento de pertenencia de toda la clase obrera con un líder que sentía
que la “patria era el pueblo”.
Diferentes
cuestiones de tinte político llevaron a la creación del mito viviente. Sobre
todo, la acción de Perón desde la secretaria de Previsión y luego, con la
victoria en 1946 por más del 56% de los votos, desde el poder ejecutivo,
desde donde promulgó, fiel a su política social, todo un paquete de leyes
beneficiarias al trabajador y las clases populares. Algunas de ellas como el
derecho a vacaciones y los pagos de aguinaldos, obtuvieron una significancia
que fue mas allá del solvento económico, que también era importante en
sectores olvidados y por demás humildes. Representaron, un “estado presente”
que promovió la distribución equilibrada de las riquezas y un camino
progresivo hacia la justicia social, que hasta la llegada del peronismo se
basaba lisa y llanamente en el mantenimiento del paradigma elitista, de
“sociedades Rurales y relaciones carnales con los Estados Unidos”.
El peronismo,
rompió el status quo reinante en la argentina de antaño. Y como toda ruptura
de una matriz con años de consolidación, implico confrontaciones y fervientes
pugnas ideológicas. El Intelectual británico, Daniel James, en un pasaje de
su tesis doctoral sobre los comienzos del peronismo, pinta al oleo tal
disyuntiva. Según James, en la
sublevación obrera-sindical, que tuvo lugar en Ensenada y Berisso, sobrevoló
el “espíritu” de una “iconoclasia laica”, que en sus palabras, personifico
“la destrucción publica y deliberada de símbolos sagrados, la blasfemia y la
negación de la autoridad de instituciones como la Iglesia, las universidades,
las entidades emblemas de las curias aristocráticas”.
Por todo
esto y más, el peronismo, dio vida a un verdadero movimiento popular lleno de
vicisitudes y complejidades que hacen a su esencia, y que van desde nombres
como los de Eva Perón, Campora, Kirchner hasta López Rega, Duhalde e incluso
el Riojano de los 90 (ustedes saben). Si, todos ellos son peronismo, aunque
los vaivenes de la historia, parezcan decir lo contrario. La explicación es
un tanto simplista si se quiere, reside en que el peronismo, que emergió
aquel 17 de octubre, fue y es un verdadero mundo, un universo que al mismo
tiempo que construye discursos se reinventa y resignifica.
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